enero 11, 2013

Entrevista a Claudio Naranjo - Su historia


Entrevista a Claudio Naranjo  - Su historia
19 de enero de 2012 
Teatro Auditorio de Granollers


Claudio Naranjo: (Valparaíso, 1932) es un psiquiatra chileno, considerado uno de los tres discípulos más cercanos de Fritz Perls, importante figura en la divulgación del eneagrama en occidente, y de la terapia Gestalt, fundador del programa S.A.T. de Educación integral. Investido en 2007 Doctor Honoris Causa por la Universidad italiana de Udine.





diciembre 05, 2012

El monje furioso - Anónimo chino

Les comparto este cuento tradicional chino que deja una hermosa reflexión:


Dos monjes iban cruzando un río. Se encontraron con una mujer muy joven y hermosa que también quería cruzar, pero tenía miedo. Así que un monje la subió sobre sus hombros y la llevó hasta la otra orilla.

El otro monje estaba furioso. No di

jo nada pero hervía por dentro. Eso estaba prohibido. Un monje budista no debía tocar una mujer y este monje no sólo la había tocado, sino que la había llevado sobre los hombros.

Después del hecho, los dos monjes caminaron varias horas hasta que llegaron al monasterio, mientras entraban, el monje que estaba enojado se volvió hacia el otro y le dijo:

— Tendré que decírselo al maestro. Tendré que informar acerca de esto ¡Está prohibido!

— ¿De qué estás hablando? ¿Qué está prohibido? —le dijo el otro.

— ¿Te has olvidado? Llevaste a esta hermosa mujer sobre tus hombros —dijo el que estaba enojado.

El otro monje se rió y luego dijo:

—Sí, yo la llevé, pero la dejé en el río muchas leguas atrás. Tú todavía la estás cargando.




¿Cuántas veces no te dañas al traer constantemente a tu mente situaciones del pasado?


Espero te sirva tanto como a mi.


Marcela Brito Avellaneda

octubre 24, 2012

El conocimiento

Amig@s les comparto esta historia que me la dió a conocer el Dr. Álvaro Diego Cardona Marín en la cátedra de Familia:


Un hombre quiere saberlo, por fin. Monta en su bicicleta, se dirige a campo abierto y, lejos del camino habitual, encuentra otro sendero. No hay indicaciones, así que se confía a lo que ve con sus propios ojos ante sí y a lo que su paso puede recorrer. Le impele una cierta alegría de descubrir; lo que antes era más bien un presentimiento, se torna una certeza. Más adelante, el sendero termina a orillas de un ancho río. El hombre baja de su bicicleta: sabe que si quiere ir aun más allá tendrá que abandonar en la orilla todo lo que lleva. Entonces dejará de pisar terreno firme y será llevado e impulsado por una fuerza que puede más que él, de manera que tendrá que confiarse a ella. Por eso vacila y retrocede.
Al dirigirse de nuevo hacia su casa, se da cuenta de que sabe poco de qué cosas ayudan, y de que es difícil transmitirlas a otros. Demasiadas veces le ha pasado lo del hombre que sigue a otra bicicleta, cuyo guardabarros golpetea.
Le grita:
—¡Eh, tú! ¡Tu guardabarros golpetea!
—¿Qué?
—¡ Tu guardabarros golpetea!
—¡No te entiendo!—responde el otro—. ¡Mi guardabarros golpetea!
Algo ha ido mal, piensa. Luego pisa el freno y da la vuelta.
Poco después, le pregunta a un maestro anciano:
—¿Cómo haces tú, cuando ayudas a otros? Muchas veces vienen a verte personas pidiéndote consejo en asuntos de los que sólo sabes poco. Pero después se encuentran mejor.
El maestro le dice:
—No depende del saber, si uno se para en el camino, y no quiere seguir adelante. Porque busca seguridad donde se pide valor, y libertad donde la verdad ya no le deja elección. Y así va dando vueltas. El maestro, sin embargo, resiste al pretexto y a la apariencia. Busca el centro, y allí recogido espera —como el que extiende las velas ante el viento—, si acaso le alcanza una palabra eficaz. El otro, al acercarse a él, lo encuentra allí donde él mismo tiene que llegar, y la respuesta es para ambos. Ambos son oyentes.
Y aún añade:
—El centro se distingue por su levedad.

La historia del conocimiento lo encuentro pertinente para mi realidad en tres aspectos:

Uno, que muchas veces  no nos atrevemos a ir mas allá por el hecho de tener que dejar la comodidad de donde estamos, lo que tenemos y creemos como nuestras pertenencias anclándonos a nuestra circunstancia actual y nos hace arrepentir y doblegar cualquier interés al parecer real de cambiar, de seguir, de evolucionar como cuando no paso el río por miedo a lo que debo dejar y la incertidumbre de lo que encontraré. 

Otro aspecto es el compromiso que adquirimos a veces con nuestras metas, personas, lugares, intenciones,  que no nos deja percibir lo obvio incluso aunque otros nos lo hagan ver, estamos enceguecidos por un aspecto inicial planteado y luego esquematizado, no estamos flexibles, dispuestos al cambio a soltar y modificar en el camino como el guardabarros golpeteando. 

Y el último aspecto aplicado a nuestro papel como psicólogos donde aveces nos encapsulamos en los mismos esquemas de terapia sin darnos el placer de conocer la diferencia en cada paciente que viene a nosotros, no es necesario ser sabio en muchas áreas para guiar procesos de vida, cuando reconoces que no tienes la carga de encontrar la solución para el paciente pero si de guiar su encuentro con su verdad única para él o ella, se acaba la intranquilidad. 

No somos la solución somos el instrumento, cuando lo entendemos todo fluye.


Espero te haga reflexionar como a mi.


Marcela



septiembre 18, 2012

Normas en Casa




Amig@s:

La familia es el lugar donde las personas aprenden por primera vez los valores que son su base por el resto de su vida, cuando somos hijos vemos el lado negativo de las normas, que nos reprendan, lo que dicen y hacen nuestros padres  para orientarnos es aburrido, repetitivo y pensamos que hasta exagerado, pero cuando somos padres damos crédito y agradecemos que lo hayan hecho.

Sin importar el tipo de familia que conformemos, lo importante es que las normas estén guiadas por los intereses y principios adecuados para formar a nuestros hijos con las reglas adecuadas, que la lección aprendida sea no solo para el momento, sino para toda la vida, y lo mas seguro es que también lo será para nosotros como padres.

Poner y hacer cumplir unas normas coherentes a las necesidades de la familia y a la integridad de todos sus miembros, da valor a las relaciones que se tejen dentro del hogar y fomentan el respeto hacia grandes y chicos. 

Mas que mandato y obediencia realmente debemos guiar los procesos de aprendizaje pues estamos formando los hombres y  mujeres del mañana, por esto las normas deben ser claras y constantes no amañadas a las necesidades de los mayores, quienes deben tomar el tiempo para medir las consecuencias de sus decisiones reconociendo sin son acertadas o es mejor redefinirlas, antes de impartirlas para no equivocarse en la norma impuesta.

Se debe explicar el error que el menor cometió, la norma a la que faltó, para que este lo corrija y de igual manera la razón de su castigo, para esto debe tener clara la norma que estaba impuesta, porque si las estamos cambiando frecuentemente nos sabrán a cual atender, o a quien, si las normas son diferentes según la persona que este en casa, estando ellos sesgados con la que mas conveniencia les de.

Es entonces el trabajo de manera conjunta en estas decisiones la que hará la diferencia, se imparte en unidad aunque hayan diferencias para construirla donde el menor no se entere, sea un padre o los dos los que tomen la decisión, abra apoyo y consenso, así será una sola voz la que la imparta.

El éxito del aprendizaje con los menores, no esta en la norma como tal, sino en la forma de enseñarla, la coherencia, la oportunidad, la constancia, el amor al impartirla y algo vital el ejemplo con que se refuerza.


Con amor,


noviembre 25, 2011

Tú Eres el Resultado de Ti Mismo


Hermoso escrito que nos lleva a reflexionar sobre nuestra cuota de responsabilidad en cada situación que vivimos, para dejar de ver afuera, lo que nos agobia y empezar a revisar internamente lo que debemos transformar en nosotros mismos, revísalo atentamente:

No culpes a nadie, nunca te quejes de nada ni de nadie, porque fundamentalmente tú has hecho tu vida.


Acepta la responsabilidad de edificarte a ti mismo y el valor de acusarte en el fracaso para volver a empezar; corrigiéndote, el triunfo del verdadero hombre surge de las cenizas del error.



Nunca te quejes del ambiente o de los que te rodean, hay quienes en tu mismo ambiente supieron vencer, las circunstancias son buenas o malas según la voluntad o fortaleza de tu corazón.


Aprende a convertir toda situación difícil en un arma para luchar.

No te quejes de tu pobreza, de tu soledad o de tu suerte, enfrenta con valor y acepta que de una u otra manera, todo dependerá de ti; no te amargues con tu propio fracaso, ni se lo cargues a otro, acéptate ahora o seguirás justificándote como un niño, recuerda que cualquier momento es bueno para comenzar y que ninguno es tan terrible para claudicar.

Deja ya de engañarte, eres la causa de ti mismo, de tu necesidad, de tu dolor, de tu fracaso.

Si, tú has sido el ignorante, el irresponsable, tú, únicamente tú, nadie pudo haber sido por ti.

No olvides que la causa de tu presente es tu pasado, como la causa de tu futuro es tu presente.

Aprende de los fuertes de los audaces, imita a los enérgicos, a los vencedores, a quienes no aceptan situaciones, a quienes vencieron a pesar de todo.

Piensa menos en tus problemas y más en tu trabajo y tus problemas sin alimento morirán.

Aprende a nacer desde el dolor y a ser más grande, que el más grande de los obstáculos.

Mírate en el espejo de ti mismo.

Comienza a ser sincero contigo mismo. Reconociéndote por tu valor, por tu voluntad y por tu debilidad para justificarte.

Reconócete dentro de ti mismo, más libre y fuerte, dejarás de ser un títere de las circunstancias, porque tú mismo eres tu destino.

Y nadie puede sustituirte en la construcción de tu destino.

Levántate mira las mañanas y respira la luz del amanecer.

Tú eres parte de la fuerza de la vida

Ahora despierta, camina, lucha.

Decídete y triunfarás en la vida.

Nunca pienses en la suerte, porque la suerte es el pretexto de los fracasados.

Pablo Neruda


Con aprecio,

Marcela

Carta a los Padres


En varias oportunidades durante el año, nos hacemos buenos propósitos, casi siempre en el cumpleaños y en año nuevo, y pocas veces incluimos nuestro trato hacia los demás, especialmente hacia nuestros hijos, pues consideramos que "somos así".


Vale la pena considerar algunos de estos buenos propósitos con respecto a los hijos, sobre todo, hoy en que la tarea de ser padres es un reto cada vez más delicado. A continuación el texto de una carta de un hijo a sus padres:




  “Trátenme con la misma amabilidad y cortesía con que tratan a sus amigos; que seamos familia no quiere decir que no deba ser respetado y que se me pueda tratar bruscamente”.

  Déjenme valerme por mí mismo y no me protejan de las consecuencias de mis actos.  Si hacen todo por mí nunca aprenderé a hacerlo.  Y si responden por todo lo mío nunca aprenderé a responsabilizarme por las consecuencias de mis actos”.


  Cuando les cuente mis problemas préstenme mucha atención.  No me digan que  “eso no tiene importancia”  o que no tienen tiempo para boberías”.  Traten de comprenderme y apoyarme”.


  “No me griten.  Los respeto menos cuando lo hacen, me hieren y me enseñan a gritar a mí también”.


  “No tengan miedo de ser firmes conmigo.  Aunque no parezca, lo prefiero.  Me permite saber a que atenerme”.


  “No me den siempre órdenes.  Si en vez de órdenes me piden las cosas, las hago más rápido y con más gusto.  Cuando me obligan a la fuerza me enseñan que el poder es lo que cuenta”.


  “No sean inconsistentes.  Esto me confunde y da lugar a que siga insistiendo hasta lograr lo que quiero.  Cuando tomen una decisión, manténganla cualquiera que sea mi reacción”.


  “No me comparen con nadie, especialmente con mis hermanos.  Si me hacen lucir mejor que los demás, alguien va a sufrir; y si me hacen sentir peor, seré yo quien sufra”.


 “No se dejen alterar por las cosas que hago o digo sólo por molestarlos.  Si logro descontrolarlos, seguiré haciéndolo porque yo sé como ganarles”.


  “No permitan que mis malos hábitos me proporcionen toda su atención.  Esto solo me estimula a continuarlos para seguir manteniéndolos pendientes de mí”.


  “No me corrijan frente a otros niños.  Atenderé mejor si me hablan tranquilamente y en privado”.


  No traten de discutir mi comportamiento cuando estamos en pleno conflicto.  En momentos de tanta alteración no quiero escuchar y menos aún quiero colaborar.  Tampoco me pregunten por qué hice algo malo; generalmente yo mismo no lo sé”.


 “No me hagan entender que mis errores me hacen una mala persona.  Tengo que aprender que, a pesar de mis faltas, soy una buena persona para poder comportarme como tal”.


  “No me sermoneen constantemente.  Entiendo mejor cuando me hablan con firmeza y sin súplicas o amenazas.  Si me sermonean a menudo aprendo a defenderme haciéndome el sordo”.


  “No me acosen ni me empujen a aprender antes de estar listo y maduro para ello.  La presión me desestimula, me angustia y no me permite ser niño”.


  “No permitan que mis temores les pongan ansiosos.  Me asustan más.  El coraje y la calma que muestren serán los que me ayudarán a superarlos”.


  “No se ocupen de mantenerme entretenido ni de llenarme de cosas para divertirme.  Llegará el momento en que nada me satisfacerá y nunca aprenderé a desarrollar recursos propios para estar a gusto conmigo mismo”.


  “No me tengan miedo.  Sentirme más fuerte que ustedes me llena de inseguridad.  Necesito verlos superiores y capaces de guiarme y educarme”. 


  “No digan mentiras delante de mí, ni me pidan que las diga por ustedes, aunque sea para sacarlos de un aprieto.  Me siento mal y pierdo la fe en lo que me dicen o enseñan”. 


 “No me exijan que haga lo que ustedes no hacen.  Aprenderé y seré lo que ustedes sean aunque no lo digan.  Pero no haré lo que digan y ustedes hagan”. 


 “Y quiéranme y díganmelo.  A mí me gusta oírselos decir aunque no crean necesario decírmelo”. 


 “Recuerden que aunque soy su hijo no soy su propiedad, ni tampoco puedo ser una credencial de  su capacidad como padres.  Soy producto de su amor y es amor lo que me llevará a ser lo mejor que puedo”. 


Con aprecio,


Marcela

octubre 06, 2011

Lecciones de vida: discurso de Steve Jobs en la Universidad de Stanford



Discurso de Steve Jobs en la Universidad de  Stanford 2005



Gracias.
Tengo el honor de estar hoy aquí con vosotros en vuestro comienzo en una de las mejores universidades del mundo. La verdad sea dicha, yo nunca me gradué.
A decir verdad, esto es lo más cerca que jamás he estado de una graduación universitaria.
Hoy os quiero contar tres historias de mi vida. Nada especial. Sólo tres historias.
La primera historia versa sobre “conectar los puntos”.
Dejé la Universidad de Reed tras los seis primeros meses, pero después seguí vagando por allí otros 18 meses, más o menos, antes de dejarlo del todo. Entonces, ¿por qué lo dejé?
Comenzó antes de que yo naciera.
Mi madre biológica era una estudiante joven y soltera, y decidió darme en adopción. Ella tenía muy claro que quienes me adoptaran tendrían que ser titulados universitarios, de modo que todo se preparó para que fuese adoptado al nacer por un abogado y su mujer.
Solo que cuando yo nací decidieron en el último momento que lo que de verdad querían era una niña.
Así que mis padres, que estaban en lista de espera, recibieron una llamada a medianoche preguntando:
“Tenemos un niño no esperado; ¿lo queréis?”
“Por supuesto”, dijeron ellos.
Mi madre biológica se enteró de que mi madre no tenía titulación universitaria, y que mi padre ni siquiera había terminado el bachillerato, así que se negó a firmar los documentos de adopción. Sólo cedió, meses más tarde, cuando mis padres prometieron que algún día yo iría a la universidad.
Y 17 años más tarde fui a la universidad. Pero de forma descuidada elegí una universidad que era casi tan cara como Stanford, y todos los ahorros de mis padres, de clase trabajadora, los estaba gastando en mi matrícula.
Después de seis meses, no le veía propósito alguno. No tenía idea de qué quería hacer con mi vida, y menos aún de cómo la universidad me iba a ayudar a averiguarlo.
Y me estaba gastando todos los ahorros que mis padres habían conseguido a lo largo de su vida. Así que decidí dejarlo, y confiar en que las cosas saldrían bien.
En su momento me dio miedo, pero en retrospectiva fue una de las mejores decisiones que nunca haya tomado.
En el momento en que lo dejé, ya no fui más a las clases obligatorias que no me interesaban y comencé a meterme en las que parecían interesantes. No era idílico. No tenía dormitorio, así que dormía en el suelo de las habitaciones de mis amigos, devolvía botellas de Coca Cola por los 5 céntimos del envase para conseguir dinero para comer, y caminaba más de 10 Km los domingos por la noche para comer bien una vez por semana en el templo de los Hare Krishna.
Me encantaba.
Y muchas cosas con las que me fui topando al seguir mi curiosidad e intuición resultaron no tener precio más adelante.
Os daré un ejemplo.
En aquella época la Universidad de Reed ofrecía la que quizá fuese la mejor formación en caligrafía del país. En todas partes del campus, todos los póster, todas las etiquetas de todos los cajones, estaban bellamente caligrafiadas a mano.
Como ya no estaba matriculado y no tenía clases obligatorias, decidí atender al curso de caligrafía para aprender cómo se hacía.
Aprendí cosas sobre el serif y tipografías sans serif, sobre los espacios variables entre letras, sobre qué hace realmente grande a una gran tipografía.
Era sutilmente bello, histórica y artísticamente, de una forma que la ciencia no puede capturar, y lo encontré fascinante. Nada de esto tenía ni la más mínima esperanza de aplicación práctica en mi vida. Pero diez años más tarde, cuando estábamos diseñando el primer ordenador Macintosh, todo eso volvió a mí.
Y diseñamos el Mac con eso en su esencia. Fue el primer ordenador con tipografías bellas. Si nunca me hubiera dejado caer por aquél curso concreto en la universidad, el Mac jamás habría tenido múltiples tipografías, ni caracteres con espaciado proporcional. Y como Windows no hizo más que copiar el Mac, es probable que ningún ordenador personal los tuviera ahora. Si nunca hubiera decidido dejarlo, no habría entrado en esa clase de caligrafía y los ordenadores personales no tendrían la maravillosa tipografía que poseen.
Por supuesto, era imposible conectar los puntos mirando hacia el futuro cuando estaba en clase, pero fue muy, muy claro al mirar atrás diez años más tarde.
Lo diré otra vez: no puedes conectar los puntos hacia adelante, sólo puedes hacerlo hacia atrás. Así que tenéis que confiar en que los puntos se conectarán alguna vez en el futuro. Tienes que confiar en algo, tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea.
Esta forma de actuar nunca me ha dejado tirado, y ha marcado la diferencia en mi vida.
Mi segunda historia es sobre el amor y la pérdida.
Tuve suerte — supe pronto en mi vida qué era lo que más deseaba hacer. Woz y yo creamos Apple en la cochera de mis padres cuando tenía 20 años. Trabajamos mucho, y en diez años Apple creció de ser sólo nosotros dos a ser una compañía valorada en 2 mil millones de dólares y 4.000 empleados.
Hacía justo un año que habíamos lanzado nuestra mejor creación — el Macintosh — un año antes, y hacía poco que había cumplido los 30.
Y me despidieron.
¿Cómo te pueden echar de la empresa que tú has creado?
Bueno, mientras Apple crecía contratamos a alguien que yo creía muy capacitado para llevar la compañía junto a mí, y durante el primer año, más o menos, las cosas fueron bien. Pero luego nuestra perspectiva del futuro comenzó a ser distinta y finalmente nos apartamos completamente. Cuando eso pasó, nuestra Junta Directiva se puso de su parte.
Así que a los 30 estaba fuera. Y de forma muy notoria.
Lo que había sido el centro de toda mi vida adulta se había ido y fue devastador.
Realmente no supe qué hacer durante algunos meses. Sentía que había dado de lado a la anterior generación de emprendedores, que había soltado el testigo en el momento en que me lo pasaban. Me reuní con David Packard [de HP] y Bob Noyce [Intel], e intenté disculparme por haberlo fastidiado tanto. Fue un fracaso muy notorio, e incluso pensé en huir del valle [Silicon Valley].
Pero algo comenzó a abrirse paso en mí — aún amaba lo que hacía. El resultado de los acontecimientos en Apple no había cambiado eso ni un ápice. Había sido rechazado, pero aún estaba enamorado. Así que decidí comenzar de nuevo.
No lo vi así entonces, pero resultó ser que el que me echaran de Apple fue lo mejor que jamás me pudo haber pasado.
Había cambiado el peso del éxito por la ligereza de ser de nuevo un principiante, menos seguro de las cosas. Me liberó para entrar en uno de los periodos más creativos de mi vida. Durante los siguientes cinco años, creé una empresa llamada NeXT, otra llamada Pixar, y me enamoré de una mujer asombrosa que se convertiría después en mi esposa.
Pixar llegó a crear el primer largometraje animado por ordenador, Toy Story, y es ahora el estudio de animación más exitoso del mundo. En un notable giro de los acontecimientos, Apple compró NeXT, yo regresé a Apple y la tecnología que desarrollamos en NeXT es el corazón del actual renacimiento de Apple. Y Laurene y yo tenemos una maravillosa familia.
Estoy bastante seguro de que nada de esto habría ocurrido si no me hubieran echado de Apple. Creo que fue una medicina horrible, pero supongo que el paciente la necesitaba. A veces, la vida te da en la cabeza con un ladrillo. No perdáis la fe. Estoy convencido de que la única cosa que me mantuvo en marcha fue mi amor por lo que hacía. Tenéis que encontrar qué es lo que amáis. Y esto vale tanto para vuestro trabajo como para vuestros amantes.
El trabajo va a llenar gran parte de vuestra vida, y la única forma de estar realmente satisfecho es hacer lo que consideréis un trabajo genial. Y la única forma de tener un trabajo genial es amar lo que hagáis. Si aún no lo habéis encontrado, seguid buscando.
No os conforméis.
Como en todo lo que tiene que ver con el corazón, lo sabréis cuando lo hayáis encontrado. Y como en todas las relaciones geniales, las cosas mejoran y mejoran según pasan los años. Así que seguid buscando hasta que lo encontréis.
No os conforméis.
Mi tercera historia es sobre la muerte.
Cuando tenía 17 años, leí una cita que decía algo como: “Si vives cada día como si fuera el último, algún día tendrás razón”. Me marcó, y desde entonces, durante los últimos 33 años, cada mañana me he mirado en el espejo y me he preguntado: “Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?” Y si la respuesta era “No” durante demasiados días seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo.
Recordar que voy a morir pronto es la herramienta más importante que haya encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones de mi vida.
Porque prácticamente todo, las expectativas de los demás, el orgullo, el miedo al ridículo o al fracaso se desvanece frente a la muerte, dejando sólo lo que es verdaderamente importante.
Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay razón para no seguir tu corazón.
Hace casi un año me diagnosticaron cáncer.
Me hicieron un chequeo a las 7:30 de la mañana, y mostraba claramente un tumor en el páncreas. Ni siquiera sabía qué era el páncreas. Los médicos me dijeron que era prácticamente seguro un tipo de cáncer incurable y que mi esperanza de vida sería de tres a seis meses. Mi médico me aconsejó que me fuese a casa y dejara zanjados mis asuntos, forma médica de decir: prepárate a morir.
Significa intentar decirle a tus hijos en unos pocos meses lo que ibas a decirles en diez años. Significa asegurarte de que todo queda atado y bien atado, para que sea tan fácil como sea posible para tu familia. Significa decir adiós.
Viví todo un día con ese diagnóstico.
Luego, a última hora de la tarde, me hicieron una biopsia, metiéndome un endoscopio por la garganta, a través del estómago y el duodeno, pincharon el páncreas con una aguja para obtener algunas células del tumor. Yo estaba sedado, pero mi esposa, que estaba allí, me dijo que cuando vio las células al microscopio el médico comenzó a llorar porque resultó ser una forma muy rara de cáncer pancreático que se puede curar con cirugía.
Me operaron, y ahora estoy bien. Esto es lo más cerca que he estado de la muerte, y espero que sea lo más cerca que esté de ella durante algunas décadas más. Habiendo vivido esto, ahora os puedo decir esto con más certeza que cuando la muerte era un concepto útil, pero puramente intelectual:
Nadie quiere morir.
Ni siquiera la gente que quiere ir al cielo quiere morir para llegar allí. Y sin embargo la muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y así tiene que ser, porque la Muerte es posiblemente el mejor invento de la Vida. Es el agente de cambio de la Vida. Retira lo viejo para hacer sitio a lo nuevo.
Ahora mismo lo nuevo sois vosotros, pero dentro de no demasiado tiempo, de forma gradual, os iréis convirtiendo en lo viejo, y seréis apartados. Siento ser tan dramático, pero es bastante cierto. Vuestro tiempo es limitado, así que no lo gastéis viviendo la vida de otro.
No os dejéis atrapar por el dogma que es vivir según los resultados del pensamiento de otros.
No dejéis que el ruido de las opiniones de los demás ahogue vuestra propia voz interior.
Y lo más importante, tened el coraje de seguir a vuestro corazón y vuestra intuición.
De algún modo ellos ya saben lo que tú realmente quieres ser.
Todo lo demás es secundario.
Cuando era joven, había una publicación asombrosa llamada The Whole Earth Catalog [Catálogo de toda la Tierra], una de las biblias de mi generación. La creó un tipo llamado Stewart Brand no lejos de aquí, en Menlo Park y la trajo a la vida con su toque poético. Eran los últimos años 60, antes de los ordenadores personales y la autoedición, así que se hacía con máquinas de escribir, tijeras, y cámaras Polaroid. Era como Google con tapas de cartulina, 35 años de que llegara Google, era idealista, y rebosaba de herramientas claras y grandes conceptos. Stewart y su equipo sacaron varios números del The Whole Earth Catalog, y cuando llegó su momento, sacaron un último número.
Fue a mediados de los 70, y yo tenía vuestra edad.
En la contraportada de su último número había una fotografía de una carretera por el campo a primera hora de la mañana, la clase de carretera en la que podrías encontrarte haciendo autoestop si sois aventureros. Bajo ella estaban las palabras:
“Sigue hambriento. Sigue alocado”.
Era su último mensaje de despedida. Sigue hambriento. Sigue alocado.
Y siempre he deseado eso para mí. Y ahora, cuando os graduáis para comenzar de nuevo, os deseo eso a vosotros.
Seguid hambrientos. Seguid alocados.
Muchísimas gracias a todos.
Espero te sea tan útil como a mi.

Marcela